LA PAPISA


 

Estas allí,

pareces inerme, oscura,

frente a mi,

y solo esperas

que este espíritu derrame sus palabras

en el libro que reposa en tu regazo.

Me resigno al designio de tu lámina en la mesa,

y acepté con dolor el dictamen de los naipes,

anhelando dilatar el tiempo que se escurre

encendido en el perfil de las noches,

como una lámpara vacilante,

                               en su último día.

Tu que escudriñas mi corazón,

sabes que no me place las vidas decorosas,

que deleitan por igual el paladar de los gusanos.

Hay en mi, pecados aún insomnes,

mariposas nocturnas de placer ausente,

que rondan todavía las figuras

de otras mujeres de pechos dadivosos,

que guardan en su vientre mi destino,

en sus caderas el futuro,

                                 las últimas profecías,

en sus muslos la geografía de mis deseos,

y en la piel de sus labios,

el sabor de los besos.

Sin embargo, estas allí,

como una diosa,  

que niega mi ser,

con el sino de la muerte.

Ruben Thieme

Junio 2, 2010.

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